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La Revolución Bolivariana neutralizó a la oligarquía cultural y las élites en el poder Por: Joaquín López Mujica

El rol que ha jugado lo que hemos denominado la oligarquía cultural, en la historia social de Venezuela, en nada se diferencia con el proceso histórico que ha vivido la formación de las élites de América Latina. Sus rasgos e interioridades son comunes e indisolublemente ligados al acto de detentar formas de propiedad y de riqueza material, lo que llamaríamos: el secuestro de las oportunidades de un colectivo. Pero, el rasgo distintivo, aún en el ocaso de esta oligarquía cultural, de las castas contemporáneas sigue siendo la movilización. Las élites como actores sociales ha participado de la contrarrevolución: desde el Golpe de abril 2002; Sabotaje petrolero; Paro patronal; rechazo a las elecciones parlamentarias; diversas actuaciones de la maquinaria mediática; la conspiración del artículo 350 de los militares en la Plaza Altamira y ahora las presidenciales del 07 de octubre, con el paquetazo neoliberal y sobre todo el Plan B.

El proceso revolucionario, nos invita a reconstruir el itinerario de la oligarquía cultural, lejos de describirlo con la miopía histórica de historiadores del status quo, que solo exaltan el ingenio de castas novohispanas, aristócratas, y hacendados de antaño, cual telenovela vespertina de Televisión, hoy, constatamos que la revolución bolivariana comenzó hace más de una década a escribir de nuevo la historia de la cultura en Venezuela al comenzar a neutralizar a la oligarquía cultural y las élites en el poder.

Antes de la revolución bolivariana, detenerse a pensar cómo han devenido los grupos culturales dominantes de hoy, era una tarea vedada, pues se trataba de colocar nuestros ojos en la colonia, aunque es en el mundo académico que ha puesto de moda entelequias y falacias como postmodernismo y postcolonialismo. Era preguntarse por el efecto de acción de las élites en prohibiciones de prácticas culturales, el cómo fomentaron el aniquilamiento festividades religiosas pues esas clases sociales que Nelson Guzmán denomina reproductoras del imaginario oligárquico, consolidaron los anti valores desde la adulancia al dictador Gómez, el individualismo, la avaricia y el materialismo que se extienden con las castas aristócratas alimentadas por Páez hasta las élites culturales del puntofijismo y que ya entrada la modernidad, utilizaron estrategias económicas antinacionales, hicieron de la democracia “representativa” un espacio institucionalizado de las manipulaciones políticas proselitistas, instaurando una modalidad de “negociación” o lobby y un sistema de valores ajeno a todo principio de identidad y de diferencia.

El modelo cultural venezolano, es producto del más cruento proceso de aculturación y occidentalización acaecido en Ibero América, y el mismo tiene hoy una deuda moral con las mayorías nacionales, con los excluidos.
En sus orígenes, con el mimetismo de las Bellas Artes, se instauró la transferencia de un sistema de valores, comportamientos, modos de ser, en fin, la reproducción ampliada de esos códigos complejos, en la misión-visión de las instituciones, con un precio: la devastación espiritual de amplios sectores de población, generaciones de venezolanos sin oportunidades. Excepto en la música, gracias al Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, una isla, logros de un de proyecto social excepcional desde sus premisas y realidades, no hay otra institución que reúna en sus proezas, un mecanismo de inclusión a sectores subprivilegiados y de reapropiación de social de lo musical.
Las mayorías, el “lumpen de siempre”, (como llamarían desde una caterva editorial o periódico devenido en despreciable pasquín) a “los de abajo”, “los condenados de la tierra”, los olvidados quienes sabemos fueron arrastrados a la locura, siguiendo a Michel Foucault, víctimas, desde hace mas de cinco siglos, de una estructura jurídica- política, y una superestructura en lo moral, donde la exclusión sistemática y el acceso a la cultura, no era considerado, legislativamente, un problema.

Ruptura con el neoliberalismo: una ciudadanía socialista

Con la revolución bolivariana “… llegó el comandante y mandó a parar diría aquella canción de Carlos Puebla…” se superó la preeminencia del planteamiento económico neoliberal; la lógica del mercado en el modelo producción cultural; el nefasto concepto de “consumidores culturales”; la exclusión practicada por algunas fundaciones privadas.
La cultura adquiere la jerarquía como “un bien irrenunciable”, frena la inequidad, expande la democracia participativa y protagónica, paraliza la elitización; cambia la -orientación y concentración del gasto cultural en grupos hegemónicos- y disemina los nuevos actores socioculturales, esparcidos en un mapa territorial desconcentrado por regiones geográficas o zonas especiales. Recordemos que el Paquete Cultural y neoliberal de Capriles, quiere todo lo contrario.

Venezuela solidifica, en el espacio cultural, una revolución de valores con nuevas perspectivas, el rescate de la autoestima, revalorización de la acción ética, reapropiación de la memoria histórica y las culturas tradicionales y se logra expansión de la participación política, con cambios profundos en el modelo socio-productivo.

La deuda social -casi extinguida en lo cultural- tiene hoy las nomenclaturas, estructuras organizativas, misiones sistemas que han reivindicado la autorrealización de las mayorías con claro énfasis en el componente de lo social.

La gestión cultural es participación comunitaria; apoyo a la creación; un plan de formación-investigación, la proyección internacional entre otras. Es vital construir un tejido y entramado de cohesión social, impulsar la democracia directa; la corresponsabilidad y representatividad a gran escala; su proyección en el interior-exterior del país, unida a la diplomacia cultural bolivariana.

La cultura es el mundo de lo simbólico, creación de sentidos, representación social y habita el centro de un cambio de paradigma, ocupa un espacio desde la base de la sociedad y se consolida con una gestión desmarcada de las definiciones acertadas pero parciales, que enfocan la cultura: como hecho en si mismo- o como un conjunto significativo de prácticas, manifestaciones y meta-lenguajes. Una política cultural actualmente, seguirá construyendo una plataforma normativa, programática sintonizada con el acceso al poder popular; la participación de los consejos comunales y las comunas, con la mirada hacia la ciudadanía socialista.

Transformación de la realidad nacional:

Hoy ha solo pocos días de las elecciones presidenciales de octubre, las nociones el poder popular, los consejos comunales y las comunas, en lo que respecta al futuro de las políticas culturales, se convierten para el ejercicio de democratización, en la base de la construcción socialista. Venezuela es donde ha ocurrido la superación de la democracia representativa; la masificación de la discusión de los asuntos públicos; la reapropiación de las capacidades individuales y colectivas de concebir, organizar, planificar y ejecutar y proyecto social y cultural común.

Transformar la realidad nacional desde la cultura es construir un nuevo paradigma socialista con la base doctrinal de la Constitución de 1999 y en lo ético-político al Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007-2013 y 2013-2019. Hemos transitado acertadamente con políticas de ampliación de los recursos financieros, creación de instancias, optimización de procesos operativos que han acompañado una espectacular reingeniería, inaugurada cuando se creó el Ministerio y ha dotado de nuevas estructuras, entes, programas y proyectos. Asi desde lo formal, conceptual, estratégico, hasta el impacto y acceso de las mayorías. puede resumirse que las concepciones de lo cultural acompañan el proceso de trasformación transversal de la sociedad venezolana, con ello nos encaminamos a cambiar la conciencia social; a concebir el trabajo como liberador y un hacer conscientes; a edificar una nueva escala de valores; renovando el modo de vida; y construyendo una horizontalidad en las relaciones de poder; profundizando la reapropiación e intercambio de los saberes; ampliando los medios de producción de conocimiento e información hasta alcanzar la creación de la riqueza como valor de uso y no valor de cambio.

Hoy día la cultura en Venezuela tiene nuevos actores sociales, se ha elevado el estatuto de la cultura en el presupuesto nacional, porque se ha concebido como generador de valor agregado, fuente de bienes, servicios y fomento de valores espirituales. No obstante como reconociera el Ministro Calzadilla en una alocución, en el marco de la discusión sobre la Diversidad Cultural: es necesario incrementar la construcción del poder popular, atender aún más la demanda social

Con el proceso revolucionario se ha concebido lo cualitativo; y con ello una nueva hegemonía, ha emergido una nueva subjetividad, un contrapoder con discurso, estética, pensamiento, simbología y principios de actuación opuestos a la oligarquía cultural esas élites y los partidos del Pacto de Punto Fijo, la derecha fascista, el aparato mediático y la ideología del globalismo secuestraron lo cultural en la Cuarta República e intentaron empañar los primeros años de la revolución bolivariana.

En la actual coyuntura, las políticas de Estado en la cultura impulsan la memoria colectiva; el énfasis en la identidad histórica; la reapropiación de los saberes y la valoración de la cultura popular tradicional. Hoy, construir un aparato teórico es fundamental para diseñar un perfil estratégico.
En el poder popular, los consejos comunales y las comunas, está el futuro de las políticas culturales, como ejercicio de democratización desde la base para la construcción de un modelo socialista de gestión estratégica.

Revolución es: construcción espiritual; producción de valores; creación de sentidos en el marco de un modelo endógeno de desarrollo sustentable. En el pasado yace la dualidad socialdemócrata-socialcristiano lo asistencialista, lo neoliberal y la retórica. En el presente: el discurso persuasivo; la memoria histórica; la transformación del mapa cultural vs la teleculebra de tres cabezas: el modelo europeo de las Bellas Artes; la globalización y el elitismo.

Desmontaje del Paquete Cultural de Capriles:

Desde aquella llamada moribunda constitución de 1961, que colocaba una camisa de fuerza a la acción cultural, y que jamás recibió cuestionamientos por la elite intelectual, para entonces ya atornillada y mediatizada, primero en el INCIBA y luego en el CONAC, hasta el estreno de nuestra novisima Constitución de la República Bolivariana de 1999, ninguna fuerza política se planteó desde el punto de vista ético-político, el salto cualitativo, al considerar a la cultura como un bien irrenunciable.

Casi nadie elevó una protesta ni los Asesores del paradigma del puntofijismo, anclados en las comisiones del extinto Congreso Nacional, menos los consultores de organismos multilaterales, apologistas e ideólogos, escritores convertidos en publicistas. Muchos creadores, es ese proceso de derechización que ocurría en Venezuela, postergaron sus preocupaciones existenciales a cambio de un prestigio en el truculento aparato del mecenazgo; profesores ahogados en el mar de estadísticas sacrificaron las conquistas epistemológicas de la ciencia social o la filosofía (como la Teoría Dependencia y el Subdesarrollo o la Teoría de ideología del Subdesarrollo) por un artificio u ornamento -sin base- llamado consumo cultural. Se conformó una anti pléyade de intelectuales conversos a la derecha, atemorizados por el paisaje marginal de la exclusión social, renegando su pasado comunista, amén de articulistas y prologuistas a destajo, mercenarios de las “letras”, traficantes de apellidos, otros subgéneros de las telenovelas y karmas, aderezado con académicos, algunos derivados de los clanes y pactos de sangre, surgidos de algunos sórdidos concursos de las Universidades.

La derecha venezolana aglutinada tuvo una visión y una única premisa: restarle importancia a ese cambio de paradigma que generó la carta magna de 1999, menospreciar la movilización sin precedentes que devino, en el pueblo soberano, con el verdadero nacimiento de la democracia participativa y protagónica, hasta también el ignorar y opacar, esa elevación de status internacional, que incorporó a Venezuela, con el gobierno de Hugo Chavez Frías, a lo que García Pelayo categorizó como las Culturas del Libro y a lo que en Alemania, en el Foro Internacional del Club de Roma (Dialogo Global-Expo 2000 Hannover) al referirse, a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, concretamente a los Derechos de los Pueblos Indígenas, caracterizaron como un nuevo capítulo de “la Declaración de los Derechos Universales del Hombre”. Hoy día con pleno cinismo pregonan una defensa de la Constitución la misma que desdeñaron en el Decreto de Carmona Estanga.

Algunas posiciones de investigadores de la comunicación en sus reflexiones retrospectivas del proceso cultural de Venezuela, desde 1960 hasta el presente han insistido en destacar: “cambios”, “innovaciones organizacionales” “reformulaciones”,” retrocesos” y hasta “asimetrías” pero sostenemos, que no se puede hablar de desarrollo cultural, en el período del puntofijismo solo hubo un crecimiento cuantitativo del presupuesto cultural. En la actualidad, el cambio o re-ingeniería, lo ha protagonizado la revolución bolivariana al conectar a la cultura: con el cambio de estructura general y el universo de transformaciones generadas por la sociedad en su conjunto. Aunque con un vacio, aquí tenemos que ser claros y autocríticos, por la carencia de una Ley Orgánica que termine de superar la herencia de la IV República: la inequidad en la distribución del presupuesto cultural; la polarización y concentración en la generación de producción cultural en áreas de las Bellas Artes o cultura popular tradicional. Ese aspecto de la participación contralora de las comunidades o la valoración de la apropiación social de lo público podría con una Ley Orgánica expandir una praxis novedosa en los ciudadanos habitantes de las Comunas.
Otro territorio que hemos enfrentado desde las políticas públicas del Estado revolucionario ha sido la separación de la oferta pública de la demanda social, ya que es tarea del Estado, fomentar desde la base social, la contraloría social, al mismo tiempo proporcionar las condiciones objetivas para el desarrollo de la red de circulación social que el Programa Neoliberal de Capriles propone frenar en la cultura.

No fomentamos una la relación entre cultura y mercado, ello sería reproducir a la globalización avasallante, gracias a resoluciones de la UNESCO –y el producto de su combate en el seno de la Organización Mundial del Comercio- se protegen las redes originarias del patrimonio inmemorial, la diversidad cultural y las manifestaciones de lo tradicional y popular, y en general los bienes culturales de la voracidad y volatilidad del mercado con ello la producción cultural queda exenta de ser utilizada en la creciente colonización del imaginario mundial, el neocolonialismo ideológico, el terrorismo mediático y la acumulación mundial de capital.

Nuestro norte, en el marco del Plan Nacional (2013-2019) ser alcanzar profundizar la independencia, la revolución y liberación nacional mediante la justicia social, la eliminación progresiva de la exclusión, la disminución de las inequidades en lo cultural, el mejoramiento de la calidad de vida, la elaboración de una legislación, que brinde la eternización de los derechos y garantías en ese espacio social, tan fundamental para alcanzar el verdadero desarrollo integral del país como es la cultura.

Un Pueblo lector vs. Maquinaria mediática:

La revolución bolivariana inspirada en esa pléyade emancipadora, toma como punto de partida a Bolivar, Miranda y sobre todo a Simón Rodríguez, con ello su legado: enfoque de un espacio social no elitesco; postulados libertarios; fuerza restauradora de lo colectivo. En el presente, con la Revolución Bolivariana y Socialista, al iniciar la Misión Robinson, se produjo el inicio de una irrupción de una nueva subjetividad que, en nuestra historia, se anticipó con la figura de Simón Rodríguez cuya praxis pedagógica significó ir más allá de las relaciones de aprendizaje, ya que fue este educador un filósofo, cosmopolita y revolucionario. La figura de Simón Rodríguez representa el grado de desarrollo de un pueblo; la emulación de su nivel de educación, recalca efectivamente la preeminencia, que para los griegos significaba la educación, de acuerdo al ideal de humanidad o Paideia. “Inventar o errar” era de alguna manera el postulado según el cual no se podría admitir la existencia de un colectivo o pueblo sin el libre despliegue de las fuerzas de creación.
“Yo si puedo” como slogan de la Misión Robinson -que empoderó al pueblo venezolano-, de alguna manera retomó ese énfasis socrático por el “conócete a ti mismo” como la exaltación de la subjetividad; el surgimiento de una nueva moralidad, que arroja a la luz respuestas a preguntas esenciales: como, donde, cuando, quien porqué y hasta el porqué del porqué. Aquello que era utópico, una potencia irrealizada, en revolución hoy no lo es.

El estímulo a la lectura pública por ejemplo, fue la línea maestra más resaltante de la gestión cultural del gobierno revolucionario en el 2011 para estimular el acceso pleno al saber: un Sistema Masivo de Revistas es una tentativa importante que da cobertura a las disciplinas como la historia, el pensamiento, la antropología, los medios de comunicación, el cine, las artes visuales el mundo de la lectura y la diversidad cultural. Con publicación del periódico Independencia 200, se coronó como acción consistente al producir la generación, transferencia y difusión de contenidos culturales a gran escala por una parte y la periodización y re-examen crítico de la historia con desde 1811 hasta 2011 por la otra, con ediciones diarias en varios periódicos de circulación nacional.

La Red de escritores, afirmando el rol de los intelectuales orgánicos –siguiendo a Gramsci- mantuvo un contacto con el Poder Popular, con el poder constituyente y de alli las tareas con colectivos de investigación ; encuentros internacionales y comunidades virtuales. Las editoriales nacionales produjeron millones de títulos, y asi se fortalecieron las bases para crear un pueblo lector ya que –solo en el 2011- se editaron 750 títulos y se imprimieron mas de 5 millones de libros y 3 millones de Revistas.

La reconversión informática, no se hizo esperar con la edición electrónica de todos los Archivos de Francisco de Miranda llamada Colombeia Digital (www.franciscodemiranda.org) que puso a disposición del público 63 tomos que contienen desde los viajes, la revolución francesa, y negociaciones, incluye este sitio imágenes de grabados de la época, material musical, cartografías, diseños y animaciones en 3D.

Tres editoriales, avanzaron en la descarga gratuita. Qun han sido cruciales en el 2012 los audio libros, el libro digital y el electrónico también las traducciones en otros idiomas y las ferias internacionales.

Lo que ha hecho la revolución desde la superestructura de la sociedad, (la educación; el arte, las tradiciones populares; la cultura como memoria colectiva) es intentar transformar el modelo de producción capitalista.
Cultura e Integración: un desafío fundamental.

En la relación cultura e integración, es fundamental abordar la cooperación internacional para el desarrollo sostenible y resulta prioritario acercarnos al conocimiento de varias categorías: subdesarrollo; desarrollo humano sostenible; equilibrios; modelo de desarrollo endógeno; paradigmas; estructuras; infraestructuras y sobre todo superestructuras.

Venezuela, está viviendo un momento estelar, al relacionar lo cultural a la evocación de nuestra vocación anfictiónica (Alba, Petrocaribe, Unasur y recientemente Celac. Existen iniciativas oportunas para romper las asimetrías del presente, consolidar las afinidades, los espacios comunes y avanzar en diversificación de las relaciones entre países con similitudes en el espacio geográfico, la superestructura jurídico-política, el equilibrio territorial, y por supuesto el sistema económico.

La cultura, como eje de integración continental la describe como un epicentro de fomento de esta interacción, el eje de la interrelación de elementos económicos, sociales, políticos, tecnológicos, ambientales y sobre todo donde, los indicadores de desarrollo humano (IDH) nos permitan determinar las variables que influyen en el subdesarrollo y el papel el impacto de la cultura, como fuerzo motriz del desarrollo humano sostenible.

Ya existen las estrategias y alternativas como el Proyecto Grannacional Alba Cultural, acciones que han podido y pueden seguir contribuyendo a solucionar la problemática del subdesarrollo y sus efectos producidos por proceso de mundialización y globalización. La ciudadanía cultural en la integración encarna el compromiso de ser lo más útil posible, profesional y humanamente, a la solución de la problemática planteada en materia de producción, circulación y consumo de bienes y servicios culturales a escala continental, a nivel regional, nacional, local y comunal.

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